Publicado el jul 22, 2014 en Blog

La digitalización, el auge de las nuevas tecnologías y el importante seguimiento que generan las redes sociales hacen que Internet cuente cada día con más participación. Cada vez es más fácil verter una opinión en la red, ya sea a través de foros, un blog personal, la sección de comentarios de un diario digital o un perfil en Twitter o Facebook. En una era marcada por la infoxicación, ¿cómo pueden afectarnos las informaciones u opiniones sobre nosotros que vierten los demás? ¿Puede la mala reputación online hundirnos el negocio?

Al parecer, sí puede. Caroline Doudet, una bloguera francesa, ha sido condenada a pagar 2.500 euros de multa tras haber colgado en su site personal una crítica sobre una Pizzería de Cabo Ferret. La dueña del restaurante afirma que, tras la publicación de la opinión de Doudet, su negocio comenzó a perder clientes; los pocos que acudían, además, le reconocían que tenían dudas de la calidad del local tras haber leído la crítica de la bloguera.

¿Realmente pudo la opinión de Caroline generarle pérdidas al restaurante? Lo cierto es que sí, pues hablamos de una líder de opinión que cuenta con más de 3.000 seguidores en su blog. Lo que no deja de sorprender es la sentencia del Tribunal de Burdeos, que considera que la joven ha cometido un delito al opinar mal (aunque sin difamaciones ni insultos) del restaurante. Su delito, en este caso, ha sido el de aparecer bien posicionada en un buscador y el de tener demasiada influencia.

En el marco de este suculento debate, cabe preguntarse: ¿Puede un crítico profesional echar por tierra el servicio de un restaurante en un medio convencional, pero cualquier otro cliente de dicho restaurante no puede opinar abiertamente sobre su experiencia? A priori, a muchos se nos antoja algo injusta la diferenciación.

Lo que sacamos en claro de todo ello es que cada vez resulta más importante trabajar para conseguir una buena reputación online. Por supuesto no podemos controlar todo lo que dicen los demás sobre nosotros o nuestra marca en Internet, pero sí podemos trabajar y esforzarnos para que estos usuarios, nuestros clientes, se vayan con una buena sensación tras haber disfrutado de un servicio o haber visitado nuestro local.

Lo que la propietaria de este restaurante no sabe es que hubiera sido más fácil llevar a cabo otra estrategia de comunicación distinta, remotamente alejada de los tribunales. Podría haber aprovechado el tirón de Caroline Doudet compensándola por su amarga experiencia en el local. Si la bloguera hubiera salido contenta entonces, bien seguro habría escrito una crítica positiva en su blog, lo que podría haber ayudado a reflotar el negocio. ¿De qué sirven los 2.500 euros de compensación si, a la larga, el restaurante va a seguir vacío? La polémica podría incluso acabar alejando más si cabe a los clientes del local.

 

Vía | PlayGround / Foto

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