Publicado el feb 5, 2010 en Blog

abr

Hoy en día, la sociedad ya está inmunizada de todo y todos. Las superproducciones del fin del mundo, los superhéroes con trajes de lentejuelas y cuero al más estilo Madonna en los 80 han hecho que la realidad sea una plataforma más donde añadir elementos suprareales que no existen excepto en la mentalidad humana. Los telediarios emiten las realidades del mundo, pero los espectadores son incapaces de distinguir los desastres acaecidos en el mundo de las superproducciones multimillonarias de la mano de directores oscarizados o abucheados. Las reacciones sociales delante de imágenes de explicidad brutal que narran desastres y tragedias al otro lado del globo solamente merecen impasivos e inexpresivos “Oh! qué pena. Hijo pásame la sal”, o “Si esto les pasa por vivir de esa manera”. Ya no existe el sentimiento de compasión, la empatía se ha sustituído por la apatía y lo único que se recuerda es el “pobrecitos, pero no te preocupes que esto no nos pasará a nosotros”.

Lo mismo está sucediendo con las campañas gubernamentales de tráfico con el único objetivo de concienciar a la sociedad para evitar accidentes automovilísticos. La tónica general que los departamentos de márqueting y publicidad han tomado es la de enseñar sangre, cuerpos tendidos en el suelo y madres, padres e hijos llorando la pérdida de sus familiares. La única intención, intentar que el espectador crea que eso también le puede pasar. El problema reside, pero, en que el espectador es incapaz de empatizar con esa pobre criatura que ha perdido a su padre por culpa del binomio volante-alcohol, o ese joven que ha perdido la sensibilidad en medio cuerpo por una curva mal cerrada, excesiva velocidad  y motocicleta. Y eso pasa porque, los accidentes de coche son el reclamo número uno en las películas de acción, y si no pregúnteselo a James Bond o a John McLane en su particular Jungla de Cristal. Los accidentes automovilísticos son algo que convive en nuestras mentes como pura ciencia ficción. Si James Bond no muere después de empotrarse contra una pared, porqué yo, un simple mortal, sí que moriré.

La sociedad ya no reacciona a estímulos violentos. Un cuerpo en la carretera no es más que el escenario tipo para el equipo de Horatio o Grissom de CSI. Una parálisis parcial no es más que un caso fácil para Dr. House. La descripción detallada y ralentizada de un accidente de coche, una secuencia digna de Oscar de Ridley Scott.

Por eso, el departamento de estado de Sussex, Reino Unido, ha decidido cambiar el rumbo de sus campañas para fomentar el uso del cinturón. Se terminaron las super producciones al más estilo James Cameron, y el despilfarro de dinero que no ofrece resultados en los conductores y ocupantes de los vehículos. El equipo de publicidad y márqueting han decidido apelar a la emotividad de los espectadores, a su capacidad retentiva de las cosas bien hechas. Si no puedes asustar a tu enemigo, enternécelo. Y eso es lo que han hecho. Un resultado simple, básico y extensible a cualquier situación familiar. Un producto brillante que rezuma sencillez, candor y verdad.

Y sino, observen por sí mismos. Tal vez, el mensaje no salvará muchas más vidas que cualquier otro mensaje televisado, pero como mínimo la apología a la vida es un poco más efectiva que el temor a la muerte. Ponte el cinturón por amor a la vida, y no por temor a la muerte.

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


*

Al hacer un comentario accedo a que se instale una cookie en mi navegador.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>